Respuestas amables con ayuda de Dios

«Ciérrala. Ya he visto suficiente», me dijo un apicultor mayor y experimentado mientras yo aprendía a cuidar una colmena. Mis movimientos habían sido rápidos y enérgicos, provocando vibraciones que alarmaron a las abejas y generaron un enjambre alrededor de mi cabeza. Aunque intentaba cuidarlas, las hice enojar. Mi amigo me mostró la importancia de desplazarse «suavemente», con movimientos amables que no molestaran a las abejas. Hoy (años después), cuando voy a una colmena, me muevo con tanta suavidad que mi esposa dice que parece que bailara.

Perseverar hacia el gozo

Enclavada en un rincón de los escalones que conducen a nuestra puerta del frente, hay una pequeña y resistente begonia escarlata. Nosotros no la plantamos; debe haber crecido de una semilla que cayó de una maceta colgante. Pero la dejamos allí. Año tras año, es un recordatorio alegre para mi esposa y para mí de que la perseverancia es algo hermoso.

La ayuda que Dios provee

Cuando el pescador Scott Thompson cayó de su embarcación una noche en el canal de Santa Bárbara, frente a la costa de California, no sabía si sobreviviría. Nadó tras el barco, pero el motor estaba en marcha y no pudo alcanzarlo. Entonces, intentó llegar a una lejana plataforma petrolera en medio de la oscuridad. Cuando empezaba a perder la esperanza, oyó un chapoteo en el agua. Una foca nadó con él, empujándolo hacia la plataforma. Cinco horas más tarde, Thompson llegó a su destino y describió a la foca como «un ángel» enviado para ayudarlo.

Dios nos cuida

Los ángeles estuvieron allí todo el tiempo, pero nadie vivo los había visto. Adornaban las paredes de Old North Church en Boston, pero habían quedado cubiertos por capas de pintura hacía más de un siglo. Los registros de la iglesia indicaban un contrato para pintarlos en 1730, cuando el edificio estaba en construcción. Un proyecto de restauración iniciado en 2017 llevó a tal descubrimiento.

Corazón de pastor

«¡Un cervatillo quedó atrapado en nuestra cerca!», exclamó Julia a su esposo, Tomás. Él lo liberó con cuidado, pero la madre no aparecía por ninguna parte.

Rostros brillantes

«¡Tiene cara de azúcar!», exclamó nuestra veterinaria mientras le hacía el chequeo anual a nuestro perro. «¿Cara de azúcar?», pregunté. «Es un término que se usa para los retrievers cuyos rostros se vuelven prematuramente blancos —respondió sonriendo—. Es solo una señal de la dulzura que llevan dentro».

Amor que llega lejos

«Saludamos con la mano hasta que desaparecen de nuestra vista. Es una forma de mostrar que los amamos», me explicó mi madre cuando era niño. Mis padres tenían esa costumbre cada vez que un familiar se iba después de visitarnos. A veces, se quedaban afuera un buen rato, hasta que los que partían se perdían a lo lejos, pero no importaba. Cuando yo mismo me fui de casa, entendí por qué.

Fiel y perdonador

«¡No es mi culpa!». Así dice Han Solo en El imperio contraataca, cuando su nave es atacada y parece no haber escapatoria, todo por faltar una reparación. Cuando lo dice, uno se pregunta si no tendrá al menos algo de responsabilidad por lo sucedido, aunque no quiera admitirlo.

La bondad de Dios

«¡Ay, no!», exclamé al abrir una colmena y descubrir que la colonia había muerto. La había cuidado meticulosamente durante un invierno templado y esperaba una cosecha temprana. Pero un repentino descenso de temperatura la hizo colapsar.

Cuando el amor aparece

«¿Por qué lloras?», preguntó un voluntario de un ministerio cristiano de ayuda humanitaria que atendía a personas cuyas casas habían sido destruidas por el huracán Helene. La mujer, que había estallado llorando momentos antes, respondió: «No lloro porque perdí todo. Lloro porque el amor acaba de aparecer».